Irán: ¿El fin de la alianza entre el bazar y la mezquita?
Las protestas
no son algo nuevo en el escenario político de Irán. Desde 1979 este país fue
testigo de diversas manifestaciones de descontento popular hacia las políticas del
clero. Lo que es diferente en esta oportunidad es la convergencia de presiones sociales
internas por cambio por un lado y por otro, la creciente amenaza externa de los
Estados Unidos. En este contexto de disturbios, no menos importante es la
pérdida del apoyo al clero de un importante grupo económico tradicionalmente
aliado: el bazar de Teherán. Las manifestaciones populares de diciembre de 2025
comenzaron cuando los comerciantes (bazaris)
del Gran Bazar de Teherán cerraron sus negocios en protesta por el desmesurado
deterioro de la situación económica de la Republica Islámica y la colosal caída
del rial –moneda iraní- frente al dólar. La pérdida de valor del rial iraní es solo
un síntoma más de una crisis económica y energética más amplia que atraviesa a
todo el país y que se destaca por la escasez de agua, los continuos cortes de
electricidad, el aumento del desempleo y la inflación desmedida que afecta
cruelmente a las clases media y baja.
El bazar comprende
no solo a la estructura arquitectónica donde se llevan a cabo las transacciones
económicas sino también a los agentes económicos que participan de las mismas y
que vincula a grandes comerciantes que manejan redes de comercio con otros
comerciantes menores y empleados, incluyendo a los artesanos. Esta es una
institución social compleja e históricamente importante que tuvo un rol crucial
en la economía, sociedad y cultura de este país. En medio de las protestas
populares que tuvieron lugar en Irán en días pasados, el rol del bazar es un
indicador de significancia para medir el nivel de descontento y caída de la
popularidad del clero en la sociedad iraní actual.
Por décadas, la
gran mayoría de los bazaris mantuvieron
su modo tradicional de cultura y comportamiento que se reflejó en su criticismo
hacia los cambios políticos y económicos que representaban una amenaza para su
estilo de vida, especialmente durante el reinado del Shah en los años setenta del siglo XX.
El régimen de los Pahlevis desatendió la importancia cultural y social del
bazar, al que consideró pasado de moda y en vías
de extensión. Los hechos que sucedieron, en el contexto de la Revolución de 1979,
demostraron cuan incorrecta era esa evaluación de la monarquía, ya que los
miembros del bazar constituyeron el grupo económico urbano más activo en el
apoyo al clero durante esos años. Ahmad Ashraf, sociólogo iraní, propuso que la
alianza entre la mezquita, como el espacio del poder religioso y el bazar
constituyó una coalición social y
política de larga duración muy exitosa en cuanto al logro de objetivos
políticos. Esto es posible porque en muchos casos el bazar y la mezquita ocupan
espacios muy cercanos facilitando la interacción de sus miembros. Arang Keshavarzian,
por otro lado, demuestra en su Bazaar and
State in Iran (2007), que la Revolución debilito la autonomía del bazar y lo
hizo dependiente del Estado, dado que varios miembros del bazar pasaron a
formar parte de las filas del gobierno teocrático en los años ochenta. Esta intervención
del Estado en los asuntos del bazar, según Keshavarzian, destruyó el sistema de autogobierno, la confianza comunal y
los patrones de intercambio estables que tradicionalmente caracterizaron al
bazar. Las consecuencias de esta pérdida de autonomía solo fueron visibles en
los últimos veinte años.
Tal es la
importancia del bazar, que en una de las primeras declaraciones de diciembre Ali
Khamenei -Líder Supremo- estableció una diferencia
entre las demandas legítimas de los bazaris
y la rebelión en el resto del país. Khamenei reconoció la lealtad del bazar
hacia el clero enfatizando que los enemigos del Estado intentan canalizar sus
objetivos políticos a través de esta institución económica tradicional. A pesar
de estos intentos pacificadores, las protestas continuaron en el bazar de Teherán
lo que pone de manifiesto la inminente fractura de la alianza entre la mezquita
y el bazar y su narrativa de lealtad política. Entre las causantes de este divorcio
se pueden enumerar a la forma en que el Estado ha manejado las sanciones
internacionales y la constante inflación desde comienzos del siglo XXI así como
también a la perdida de favores políticos y económicos del bazar en beneficio
de otros actores dentro del Estado, entre ellos el Cuerpo de la Guardia Islámica
Revolucionaria -Islamic
Revolutionary Guard Corps, IRGC- y los bonyads -grandes fundaciones caritativas que
controlan una parte sustancial de la economía-.
El descontento
de los bazaris se sumó al generalizado malestar de otros colectivos sociales en
diversas partes del país que buscan un cambio radical en las políticas económicas
y sociales de Irán, sobre todo un acuerdo con los Estados Unidos para levantar
las sanciones impuestas sobre Irán desde los años ochenta.
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