La guerra que Trump no esperaba
Un
día después de subir el ultimo post de este blog sobre el nuevo líder supremo
de Irán este hizo público su primer discurso, aunque no en persona. Desde el
día del ataque -28 de febrero de 2026- a la residencia en la que su padre murió,
Khamenei hijo se mantuvo fuera de la esfera pública. La forma en que este
mensaje fue transmitido –leído por un periodista de la televisión pública a la
vez que la pantalla mostraba una foto del nuevo líder- desató una serie de
especulaciones con respecto al estado de salud de Mojtaba Khamenei, quien
podría estar muy mal herido.
En
dicho mensaje hizo públicas sus condolencias por el martirio del anterior líder
supremo, Ali Khamenei, y a la vez instó a la población a mantenerse unidos como
un solo país. El líder supremo enfatizó la necesidad estratégica de mantener el
estrecho de Ormuz cerrado al tráfico de buques petroleros y de carga para
presionar a los enemigos de Irán. Asimismo, informó que, si bien Irán apoya las
buenas relaciones con sus vecinos, las bases militares de los Estados Unidos en
esos países deben dejar de ser operativas a riesgo de continuar el ataque a las
mismas. Por último, el nuevo líder supremo dedicó una oración y prometió vengar
la sangre de los mártires – sobre todo la muerte de más de 168 niñas y niños
víctimas del bombardeo de la escuela en Minab por parte de los Estados Unidos e
Israel ‒. Finalmente, alabó el accionar de las fuerzas armadas de su país y de
los aliados de la Revolución en Yemen e Irak.
Tal
como se adelantó en el post anterior, este discurso demuestra que el joven
Khamenei desea mantener la línea dura de su padre, y que el cambio de retórica
que era esperado por parte de muchos en Irán y los Estados Unidos no es viable
en este contexto. La guerra está dando forma al nuevo liderazgo iraní. Por otra
parte, el contenido y tono de este discurso contradijo lo que días anteriores
insinuó el presidente, Masoud Pezeshkian, respecto a las condiciones para
llegar a un alto al fuego, y enfatizó que Irán seguirá peleando esta guerra
hasta las últimas consecuencias. Una narrativa que está en línea con la
retórica de Ali Khamenei de resistencia a los Estados Unidos sin reparo por los
costos sociales y económicos.
Vali
Nasr, un académico iraní-norteamericano, explica que contrariamente a lo que
Trump pensó que iba a suceder en Irán con la decapitación de la estructura de
poder, lo único que esto hizo fue endurecer la posición de no solo de las
elites políticas sino también de grandes sectores de la sociedad, los que, en circunstancias
no bélicas, simpatizan con la idea del cambio. La guerra que Israel y los
Estados Unidos justificaron bajo la etiqueta de “cambio de régimen”, se tornó
en una guerra por la supervivencia de Irán. Cuando los Estados Unidos afirman
que los bordes del país pueden sufrir transformaciones, o los sitios históricos
–muchos de ellos protegidos por la UNESCO- son bombardeados, o cuando se habla
de contratar los servicios mercenarios de los separatistas dentro de Irán para
desintegrar al país, muchos iraníes moderados ven en las fuerzas armadas y el
liderazgo del clero a la única alternativa para proteger la integridad
territorial y la vida de los ciudadanos.
Para
Paul Rogers, académico británico especialista en relaciones internacionales, luego
del fracaso de la estrategia de decapitación del régimen, los Estados Unidos e
Israel recurrieron a lo que se conoce como la Doctrina Dahiya. Esta doctrina israelí implica la táctica militar de atacar masivamente
objetivos civiles e infraestructura en barrios o provincias y a sus poblaciones
civiles para forzar a las autoridades a rendirse. El ataque a la escuela
primaria en Minab es un claro ejemplo de la aplicación de esta doctrina. Lo que
es sorpresivo es que, en las últimas semanas, Irán utilizó esta misma
estrategia sobre Tel Aviv.
La
afirmación de Donald Trump que la guerra está por finalizar parece estar lejos
de una realidad en la que Irán sostiene que no busca un alto al fuego, Israel
sigue atacando a Irán y el mercado energético global está sufriendo problemas
de escasez y distribución, suspensión de pagos y la masiva aplicación de las cláusulas
de ‘fuerza mayor’ en los grandes contratos de provisión de petróleo entre países
de la región y el resto del mundo.
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