Pakistán y Afganistán: Derrotero de una relación compleja
Lo que habría comenzado a principios de febrero de
2026 como una serie de enfrentamientos en la frontera que Pakistán comparte con
Afganistán escaló, con el paso de las semanas, en una guerra abierta entre
ambos países. Pakistán denominó a esta operación militar Ghazab-lil-Haq (furia justa o justificada), en referencia a la
necesidad de presentar una respuesta contundente frente a un enemigo que
amenaza los pilares mismos de la vida e identidad pakistaní. El camino hacia el uso de
la fuerza estuvo plagado de esfuerzos diplomáticos, visitas de políticos y
especialistas, advertencias públicas y la mediación de terceras partes mientras
que la actividad terrorista crecía exponencialmente en territorio pakistaní. La
dificultad, de acuerdo con Islamabad, no es la falta de comunicación con Kabul,
sino el hecho que las autoridades de ese país siguen permitiendo la utilización
de su territorio para atacar a Pakistán. Luego de la ronda de negociaciones diplomáticas
en las que participaron terceras partes neutrales –Turquía, Qatar y Arabia
Saudita- y que produjeron discusiones y propuestas, Kabul solo ofreció garantías
verbales no vinculantes.
Khawaja Asif, el ministro de defensa de Pakistán, mantuvo
que su gobierno perdió la paciencia y endureció su posición política al extremo
de adoptar una postura de ‘tolerancia cero’ frente a lo que describe como la profundización
de los vínculos de cooperación entre Tehrik-e-Taliban Pakistan (TTP)[1] y
el régimen talibán de Afganistán. Afganistán y su aliado, India, sostienen que
la presencia de terrorismo en Pakistán es un problema que refleja la
incapacidad de este país para resolver sus problemas de seguridad domésticos.
Contrariamente, los Estados Unidos expresaron su apoyo a Islamabad en su lucha
contra el terrorismo al afirmar que Pakistán tiene derecho a defenderse. El
significativo incremento de los ataques terroristas durante el mes de febrero en
todo el país llegó a la capital con el ataque suicida a la mezquita chiíta de
Imambarg que resultó en la muerte de 32 personas y centenares de heridos.
Debe destacarse que este no es un enfrentamiento fronterizo,
sino que es un conflicto complejo y multidimensional cuyo núcleo es el apoyo
militar, logístico y económico de Kabul a entidades terroristas que operan desde
su territorio y cuyo objetivo es destruir las instituciones y forma de vida pakistaníes,
particularmente TTP.
Desde el regreso del régimen talibán a Afganistán en
2021, TTP[2] resurgió
como el principal desafío a la seguridad doméstica de Pakistán. Los dos breves
acuerdos de paz entre el Estado y TTP (2021 y 2022) colapsaron debido a la
negativa de este grupo a desarmarse, respetar la Constitución nacional y las
leyes del país y perseguir sus objetivos políticos de manera no violenta a través
de su incorporación al sistema político. Bajo la protección del régimen talibán,
TTP recompuso su estructura organizativa, mejoró la capacidad de comunicación y
propaganda –orientada a reclutar nuevos miembros‒, la selección de objetivos
para maximizar el daño a menores costos, y por último la alianza con otras células
terroristas para expandir el alcance regional.
El uso de tecnología de punta por parte de los
terroristas es un nuevo aspecto de este conflicto que preocupa a las fuerzas de
seguridad pakistaníes y obliga a pensar sobre el origen de los fondos para el
financiamiento a células terroristas en Afganistán. El director de Relaciones Públicas
Interservicios (ISPR), teniente general Ahmed Sharif Chaudhry, afirmó que en
los últimos encuentros TTP utilizó sofisticada tecnología de drones en oposición
a los ataques anteriores que solo consistían de fuego cruzado desde el otro
lado de la frontera. El teniente general sostuvo que el régimen talibán debe
tomar una clara decisión entre su apoyo a TTP, BLA, Daesh, Al-Qaeda y demás organizaciones
terroristas o Pakistán. En otras palabras, la opción para Afganistán es participar
del sistema regional de naciones o permanecer aislado como un Estado sponsor de
terrorismo. Por su parte el ministro de información pakistaní, Ataullah Tarrar,
se refirió al régimen de Afganistán como ilegitimo, y sostuvo que ese gobierno está
basado en “la esclavitud, violencia y represión de las mujeres”, asimismo completó
que Kabul “utiliza la religión a partir de su propia interpretación de la misma”
y que los lideres locales “se basan en la perversión de la religión para proyectar sus causas
ilegitimas y fortalecer su gobierno ilegitimo”.
Como se puede apreciar a partir de estos comentarios,
la narrativa política que rodea al lanzamiento de Ghazab-lil-Haq ha puesto de manifiesto la profunda división entre
los vecinos y sus posiciones frente a la religión, la forma de pensar al
Estado y la situación de las mujeres en Afganistán.
[1] Tehrik-e-Taliban Pakistan (TTP) es una organización militante armada
jihadista asociada a la escuela de pensamiento deobandi que opera en la
frontera entre Pakistán y Afganistán. El grupo es un aliado del movimiento
talibán en Afganistán, aunque no forma parte de su estructura y opera de manera
independiente. Este grupo es considerado como una organización terrorista por
Pakistán, las Naciones Unidas y el Departamento de Estado de los Estados
Unidos.
[2]
Varios analistas coinciden en definir a TTP como una red de grupos militantes
de varias partes del pais que comparten no solamente la identidad jihadista
sino también un profundo sentimiento anti-pakistaní.
Fotografía pertenece a wionews.com

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