Pakistán y la mediación entre Irán y los Estados Unidos

 



A casi un mes del inicio de la guerra de los Estados Unidos e Israel contra Irán, Pakistán aparece como uno de los candidatos más fuertes a mediar entre las partes en conflicto. En las últimas semanas, y debido al agravamiento de los intercambios bélicos y las consecuentes implicaciones energéticas y financieras de tal situación, sobre todo las restricciones de paso de embarcaciones en el Estrecho de Ormuz, hicieron que Pakistán diera un paso al frente y ofertara sus buenos oficios para mediar una solución entre Estados Unidos e Irán. Recientemente, de acuerdo con un reporte de la cadena norteamericana CNN, se informó que Washington estaría tratando de organizar una reunión de alto nivel diplomático en Islamabad para poner en marcha el proceso de de-escalamiento en la guerra contra Irán.

            Fácticamente Pakistán está diplomáticamente muy bien posicionado para asumir un rol activo en las discusiones tendientes a poner fin a la guerra. Una posición que se basa en su ubicación geográfica y las relaciones con ambas partes sobre todo con los Estados Unidos desde el regreso de Trump. Este vínculo es correspondido por Washington y se puso de manifiesto a través de los esfuerzos diplomáticos norteamericanos para alcanzar un alto al fuego entre India y Pakistán en mayo de 2025 y el apoyo a la lucha pakistaní contra el terrorismo talibán. Trump se refirió al Mariscal de Campo, Asim Munir –comandante en jefe de las fuerzas armadas de Pakistán‒ como la persona que más conoce a Irán, lo que se considera como otro de los guiños del presidente a la posición mediadora de Pakistán. Finalmente, se puede estimar que, a través de Pakistán, Arabia Saudita –aliado estratégico de los Estados Unidos- también se siente a la mesa de negociación con Irán. Los otros dos países candidatos a formar parte del equipo mediador son Turquía y Egipto.

            Turquía y Pakistán comparten fronteras con Irán lo que hace evidente los motivos por los cuales estos dos actores tienen el máximo interés en alcanzar una solución diplomática al conflicto sin demoras. Los efectos adversos de la guerra tales como inestabilidad económica, inseguridad y flujo de refugiados representan desafíos para los que estos países no están preparados. Por su parte Egipto, si bien no comparte fronteras con Irán, es el único país árabe que tiene contacto con Tel Aviv y las capitales árabes en un momento en el que las comunicaciones y la confianza entre estos actores alcanzan sus niveles más bajos.

            Desde el inicio de las hostilidades en Irán más de 1500 personas perdieron la vida, miles sufrieron heridas y millones fueron desplazados lo que generó preocupación a nivel regional por a una eventual crisis humanitaria.

            El lunes 23 de marzo, el presidente Trump anunció que Estados Unidos e Irán mantuvieron ‘conversaciones muy productivas’. Este anuncio se encuentra en las antípodas del severo ultimato que el presidente lanzó durante el fin de semana en el que amenazaba a Irán con la obliteración de sus centrales eléctricas. Con Pakistán en el tablero, Trump informó que dará un plazo de cinco días en los que no atacará a Irán. En un principio Irán negó que hubiera conversaciones con los Estados Unidos, pero con el correr de la semana el vocero del Ministerio del Exterior iraní, Esmail Baghaei, anunció que su país intercambió mensajes con los Estados Unidos a partir de la mediación de ‘países amigos’ que funcionan como mensajeros. Consecuentemente, Irán rechazó el plan de 15 puntos propuesto por Washington al que considera “poco razonable” y en su lugar propuso cinco condiciones indispensables para acabar con el conflicto entre ellos poner fin definitivamente a las agresiones y asesinatos, garantizar los pagos de reparaciones y garantías de que no se declarará otra guerra a la República Islámica y el reconocimiento de la soberanía iraní sobre el Estrecho de Ormuz. La retirada de Israel de el territorio ilegalmente ocupado en El Líbano subyace en el subtexto de las mencionadas condiciones.

            La decisión iraní de cerrar el Estrecho de Ormuz tuvo un efecto devastador para los países asiáticos. Pakistán importa más del 95% de su petróleo del Golfo a través de barcos cargueros que atraviesan el Estrecho de Ormuz diariamente. Desde principios de marzo, el gobierno de Islamabad prohibió a sus refinerías exportar hidrocarburos líquidos y nafta para mantener las reservas luego que Qatar suspendiera la venta de gas natural líquido (LNG) aduciendo las cláusulas de force majeure en los contratos luego que Irán atacó sus instalaciones de procesamiento de combustible. Durante las últimas semanas, Pakistán implementó una política de racionamiento de gas tendiente a conversar energía y evitar cortes de electricidad programados en vista al inicio del verano boreal. Contrariamente, es de destacar que el suministro de gas de petróleo liquido (LPG) a través de canales informales con Irán incrementó casi el doble desde el comienzo del conflicto debido a la necesidad iraní de divisas y de abrir nuevas rutas de comercio hacia Asia.


*Fuente de la imagen aepf.info 

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