Operación Shaban en Balochistán
La
operación Shaban es una maniobra antiterrorista conjunta que incluye al
Ejército nacional, el Cuerpo de la Frontera y la Policía balochi en tres
distritos – Ziarat, Lasbela y Khuzadar‒ de la provincia de Balochistán. Esta
operación comenzó a principios de julio luego del ataque al puesto de policía
en Mangi Dam (5 de julio) que dejó como saldo nueve policías muertos y otros
secuestrados ‒los que posteriormente también fueron asesinados, elevando
la cifra de nueve a 27 policías muertos‒. El grupo terrorista responsable de este
ataque fue Tehreek e Taliban Pakistan
‒TTP‒. El objetivo de esta operación militar
antiterrorista es neutralizar a las células de fitna al khawarij ‒TTP‒ y fitna
al hindustan ‒sobre todo BLA‒ que operan en la región y cuyos
principales objetivos son los funcionarios del Estado, población civil e
infraestructura. Fitna al khawarij es
un término que emplea el Estado y las fuerzas de seguridad pakistaníes para
referirse a los terroristas que pertenecen al proscripto TTP y fitna al hindustan, por su lado, es
utilizado para mencionar a las organizaciones terroristas que operan en
Balochistán las que, se presume, reciben apoyo financiero y logístico de India.
Dos
elementos son nuevos en este escenario, en primer lugar, el hecho que el
liderazgo político y militar alcanzó la decisión inapelable de destruir al
terrorismo interno ‒ cualquiera su denominación ‒, en lo que se puede interpretar como la
profundización de los objetivos establecidos por el Plan de Acción Nacional de
2014. Lo que llama la atención es la utilización de un lenguaje taxativo que no
daría lugar a propuestas alternativas o negociación con los grupos militantes. En
segundo lugar, el atentado que dio origen a la operación Shaban fue perpetrado
por el TTP en territorio balochi. Esto implica que las fuerzas de seguridad en
Balochistán se enfrentan a dos tradiciones militantes distintas: por un lado,
la islamista TTP, cuyo objetivo de máxima es instaurar la sharia como sistema
de gobierno y reproducir un modelo político similar al de Afganistán; y por
otro, el nacionalista Ejército de Liberación de Balochistán (BLA) junto con sus
aliados locales. Con respecto al primer punto, se observa un cierto agotamiento
político por parte de Islamabad luego de décadas de negociaciones con diversas
facciones de TTP ‒los “talibanes buenos y talibanes malos”‒, intentos de
integración a la vida civil de militantes arrepentidos, rondas diplomáticas con
el régimen talibán en Kabul y diversas operaciones militares que, en
retrospectiva, no tuvieron los resultados esperados. En relación con el segundo
aspecto, resulta notable que los movimientos nacionalistas de Balochistán
atraviesan uno de los periodos más activos y violentos de su historia. Además,
en regiones tradicionalmente balochis, el espacio político y social de estos movimientos
nacionalistas se percibe ahora compartido con el TTP —de mayoría pastún— e
incluso con el ISPP ‒Islamic State Pakistan
Province‒, una rama de ISKP que continúa operando en Khyber
Pakhtunkhwa. La información recolectada en las últimas semanas de julio indicaría
un cruce de los tradicionales límites geográficos que demarcaban la relación
entre actividades terroristas y grupos étnicos. Los recientes ataques del BLA
en Qilla Abdullah —distrito balochi fronterizo con Afganistán— y en el vecino
Pashin carecen de precedentes, ya que estas dos zonas de mayoría pastún habían
estado históricamente asociadas a la violencia vinculada al TTP. Lo que aún no
es claro es si esto constituye parte de un nuevo razonamiento estratégico entre
TTP y BLA o si, simplemente, se trata de aprovechar la extenuación de la
población civil y las fuerzas de seguridad en esa región para enviar un mensaje
contundente a Islamabad.
La categórica respuesta del Estado en
términos de narrativa, política y acciones cinéticas se debe en gran medida a
la crucial situación de seguridad que se vive en Balochistán y Khyber
Pakhtunkhwa que amenaza con expandirse al resto del país. Muhammad Amir Rana,
un experto en seguridad local, afirma que “los grupos insurgentes en Balochistán
demostraron repetidamente su habilidad para ajustar el tempo operativo a los requerimientos estratégicos del momento,
reduciendo sus actividades antes de organizar otros ataques de mayor
intensidad” (Rana, 2026). En otras palabras, los periodos de poca actividad
terrorista no son más que hiatos de ajuste y calibración estratégica en miras a
los siguientes atentados. Por otro lado, continua el experto, esta insurgencia
se caracteriza por ser “geográficamente dispersa, operativamente flexible y
estratégicamente calculadora” con capacidad de maniobrar en paralelo en
diversos terrenos y áreas geográficas.[1]
Aun no es posible advertir si las dos
tendencias mencionadas, la profundización de la acción político-militar del
Estado en contra del terrorismo ‒en general‒ y la asociación entre BLA y TTP son parte
del nuevo escenario de seguridad nacional o si, por el contrario, forman parte
de una coyuntura transitoria que cambia con cada nuevo acto terrorista. Lo que sí
se puede afirmar es que la expansión de TTP en territorio balochi pone de
manifiesto una renovada confianza estratégica y logística por parte de este
grupo. La permisibilidad para accionar en nuevas geografías parece demostrar un
acercamiento efectivo entre estos grupos militantes.
[1] Rana, A. (12 de julio
de 2026). Balochistan security crisis. Dawn.
https://www.dawn.com/news/2014791/balochistan-security-crisis

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